Un arte en desuso (4º de la ESO)

Ayer me encontré este texto (o él me encontró a mí) y me acordé de vosotros y vuestro ímpetu a la hora de intervenir en clase. El texto además conecta con el siglo XVIII, así que es doblemente relevante.

Las autoras son Helena Calsamiglia y Amparo Tusón y el libro se llama “Las cosas del decir”, libro que aborda el análisis de nuestra lengua y el uso que hacemos de ella, tema interesante a más no poder. El texto que me interesó dice así:

Asegurar que el hombre es “un animal racional” o “un ser pensante” parecen definiciones algo pretenciosas a la vista de cómo va el mundo. Quizá sea más ajustado a la verdad decir que somos “animales dotados de lenguaje”, “animales que hablan” o incluso si se quiere, “animales parlanchines”. Pero desde luego lo que cada día va siendo más difícil asegurar de nuestros congéneres es que sean animales que conversan. Hablamos, pero no conversamos. Disputamos, pero rara vez discutimos. La conversación no consiste en formular peticiones o súplicas, ni en ladrarse órdenes o amenazas, ni siquiera en susurrar halagos o promesas de amor. El arte de la conversación es el estadio más sofisticado, más civilizado, de la comunicación por medio de la palabra. Un arte hecho de inteligencia, de humor, de buenos argumentos, de anécdotas e historias apropiadas, de atención a lo que dice el vecino, de respeto crítico, de cortesía… Es tan sofisticado y civilizado este arte que hoy probablemente sólo sigue estando al alcance de algunas tribus de Kalahari que desconocen tanto la prisa funcional como la jerga cibernáutica.

Si los historiadores y testigos de la época no nos engañan, la gran época del arte de la conversación en Europa fue el siglo XVIII. Por lo visto, entonces la gente -me refiero a la gente privilegiada, a quienes tenían la suerte de no ser tan nobles como para que les disculparan socialmente la estupidez ni tan pobres como para verse condenados a la ignorancia afanosa- solían reunirse en los salones presididos por unas cuantas mujeres inteligentes para producir charlas que eran como pequeñas obras maestras efímeras. Nadie grabó estas conversaciones, no guardamos vídeos que nos permitan rememorar lo que se dijo tal miércoles en casa de Madame du Deffand o aquel Jueves en la de Madame Geoffrin. Sólo queda una especie de suave aroma casi desvanecido que perfuma la correspondencia de ciertas damas cn Voltaire o algunas páginas de Diderot, de Gibbon o incluso de Roussea. La fragancia de unas palabras que no eran meras herramientas sino arte para disfrutar mejor la vida.

Me viene esta nostalgia de lo que no he conocido leyendo el delicioso ensayito sobre la conversación que escribió el abate André Morellet. […] (Este autor) propone una serie de advertencias sobre los defectos que impiden charlas civilizadamente: la falta de atención a lo que dice el otro, el afán de ser gracioso a cualquier precio, la pendantería, el saltar sin cesar de un tema a otro, la manía de llevar la contraria por sistema, etc… Creo que los participantes habituales en las tertulias radiofónicas no perderían nada siguiendo algunos de sus consejos.

No digo más.

 

PREGUNTAS.

  1. (COMPRENSIÓN LECTORA)
a. ¿Cuál es el tema del texto?
b. Explica cuál es la diferencia entre hablar y conversar.
c. ¿Por qué el siglo XVIII es considerado como el de la gran época de la conversación?
d. Explica quiénes eran los privilegiados en el siglo XVIII.
d. Resume el contenido de cada párrafo en una línea.
      2. (ANÁLISIS)
a. Este texto ¿a qué género pertenece? Justifica tu respuesta con ejemplos del texto. Necesito tres razones para justificar tu elección.
b. ¿Cuál es la opinión de la autora sobre la humanidad en general?  ¿Y sobre la conversación? Toma nota de las expresiones que hacen patente su opinión y sentir.
    3. (INTERPRETACIÓN)
a. ¿Por qué fueron importantes las tertulias en el siglo XVIII?
b. ¿Tienes algún defecto que impida que una charla civilizada pueda ocurrir? Elige un defecto de los mencionados por André Morellet y explica por qué piensas que es uno de tus defectos (En mi caso, tiendo a llevar la contraria por sistema, creo que porque al querer entender todos los puntos de vistas posibles, acabo, sin querer, no escuchando a la otra persona. Pero al ser consciente de ello, intento empatizar más con mi interlocutor.

 

ENTREGAD estos ejercicios por e-mail este fin de semana, o EN PAPEL el próximo martes.

Atrévete a saber.

(Entrada para los alumnos de 4º de la ESO)

Hemos entrado en el siglo XVIII a todo trapo, contagiándonos del entusiasmo de los ilustrados por la razón y el orden. Al fin y al cabo, y como comprobamos con el test, más de la mitad de la clase están muy cerca del espíritu ilustrado. Y es que somos herederos del XVIII, verdadero precedente del pensamiento moderno. Por cierto, ¿os acordáis quién dijo eso de “atrévete a saber” y de lo que quiere decir con eso?

Os dejo a continuación las dos presentaciones que vimos en clase.

Esta primera contiene los primeros esquemas de la unidad, pero recordad que no sustituyen al libro:

En cuanto a estas disapositivas, os permitirán comprobar rápidamente si tenéis claras las características del neoclasicismo.

Recordad que tenéis que leer el texto de Jovellanos y responder a las preguntas que vienen en el libro de texto (con excepción de la sección [g]).
¡Pasad buen fin de semana! Y si os sentís neoclásicos, escribid un poema por el progreso de la humanidad o algún tratado económico que consiga mejorar nuestro día a día. Y no os olvidéis de compartirlo con la clase, positivo seguro  😉